India y Ganges…fluye como un río

Al llegar a la India el viajero es recibido por carteles de publicidad del país donde dice “IncredibleIndia”, y así es justo como se podría describir a la India. Es un país increíble, fascinante, cautivador, colorido, alegre, vivo y lleno de sonrisas que dan la bienvenida. Serán sus contrastes, su fuerza y su bondad, su dureza y su ternura, su pobreza y su riqueza, su crudeza y su belleza, pero también su inmensurable espiritualidad, su fe, su entrega incondicional, su sacrificio, su desapego, y sobre todo su gente, que le tocan a uno el corazón y ya no se es el mismo. Es un país que cautiva desde el primer momento porque como dice una canción de una película de Bollywood, el amor es su único Dios. Dos cosas ocurren al aterrizar en la India, una es que se apaga la mente y se abre el corazón, se deja de pensar para comenzar a sentir; y la otra es que allá donde uno vaya se siente protegido, siempre hay una mano que aparece en el momento justo y ofrece ayuda si uno se deja. La ley de la atracción o de causa-efecto se agudizan con constantes lecciones de humildad y de agradecimiento, y se hace realidad el dicho “sonríe al mundo y el mundo te sonreirá”. En la India los viajes no suelen salir como uno los prepara sino son los acontecimientos que van guiando y si uno se deja llevar le muestran una y otra vez que lo bonito no es el destino sino el camino, el aquí y el ahora, el estar presente en el presente.

Y lo más especial que le puede ocurrir a uno es que a lo largo del camino le acompañe el Ganges o Ganga, como llaman los Hindúes a este río sagrado. La Madre Ganga, el río más venerado del mundo, con su pureza se lleva nuestras impurezas. No es de extrañar que Ganga sea un río sagrado, la Diosa Ganga, considerando los numerosos rituales que recibe diariamente y la devoción y amor que le es entregado. Es venerado por millones de seres a lo largo de su viaje desde su nacimiento en Gomukh en los Himalayas hasta su destino en la bahía de Bengal en Ganga Sagar. Los peregrinos, habiendo tenido el honor de haber estado sentados a sus orillas, haber meditado junto a Ganga, haberse bañado en sus aguas frías y cristalinas a la vez que acogedoras y envolventes, haber bebido su néctar purificador y sanador, haber rezado y participado en las ceremonias y rituales, y lo más importante habiéndose entregado en cuerpo, mente y alma, Ganga les devuelve a la vida, fluyen con ella y se convierten en ella. Al igual que en los Himalayas, donde nace Ganga, se ve todo con perspectiva y la montaña da fuerza, serenidad y claridad, algo similar sucede cuando uno se encuentra en la presencia de Ganga. Al igual que ella comienza uno a dejarse llevar, aunque vengan obstáculos se encuentra la manera de continuar, y a experimentar lo que va llegando desde las orillas, a vivir el presente que se está atravesando en ese preciso instante, sin preocuparse uno demasiado por el destino, porque al igual que Ganga se unirá con el océano, uno mismo tarde o temprano regresará a la fuente. Finalmente, el destino se convertirá en origen.

Así que si algún día vas a la India, que lo espero y recomiendo, deja aquí tu mente porque lo único que hará es estorbar…no analices, no juzgues, no quieras comprender, simplemente déjate llevar y sorprender, observa, presta atención, practica paciencia y presente, aqui y ahora…mira con los ojos del corazón, verás belleza en la pobreza, verás orden en el caos…mira con los ojos de un niño, descubre la inocencia y la sencillez…y sobre todo fluye como un río…

 

Esta entrada fue publicada en Reflexiones. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>